Glass

Tercera parte de la trilogía “sorpresa” iniciada en el año 2000 con la magnífica “Unbreakeable”, continuada en 2016 con la muy notable “Split” y que M. Night Shyamalan ha cerrado con esta co-producción entre Disney y Universal, que eran las “majors” bajo cuyos sellos fueron producidas las dos anteriores. Este cierre del universo de superhéroes mundanos del realizador de origen hindú sigue las pautas clásicas de su cine, huyendo de los estereotipos y proponiendo un análisis sobre los tres personajes principales: Mr. Glass (Samuel L. Jackson), David Dunn (Bruce Willis) y las múltiples personalidades de Kevin Wendell Crumb (James McAvoy). Los tres se encuentran encerrados en un psiquiátrico en el que son analizados por una doctora (Sarah Paulson) que intenta convencerlos de que carecen de superpoderes. Pero el resultado es una película absolutamente anticlimática, en la que curiosamente Willis y Jackson poseen muy poco peso al estar centrada en McAvoy (que viene a repetir exactamente lo mismo que hizo ya en “Split”) y que tiene mucha más retórica que acción en el esperado enfrentamiento entre los superhéroes que tan bien se habían definido en las películas anteriores.

El director de fotografía vuelve a ser Michael Gioulakis, quien si la memoria no nos falla, es el primer director de fotografía que repite consecutivamente con M. Night Shyamalan, ya que aunque el veterano (y retirado) Tak Fujimoto se encargó de tres de sus proyectos (“The Sixth Sense”, “Signs” y “The Happening”), lo hizo entre obras fotografiadas por otros directores de fotografía, dentro de la que hasta ahora había sido política de Shyamalan de ir alternando operadores. Sin embargo, siendo una continuación directa de “Split” (y subrayamos, es mucho más secuela de “Split” que de “Unbreakeable”) tiene lógica que Shyamalan haya contado con el mismo director de fotografía, un hombre que después de destacar en “It Follows” (David Robert Mitchell, 2014), también se ha hecho cargo del siguiente film de su director, la fallida, aunque vistosa, “Under The Silver Lake” (2018).

Como en el anterior film, los cineastas han vuelto a recurrir a la adquisición digital empleando la Arri Alexa en formato Arriraw, con ópticas esféricas Zeiss Master Prime, además de zooms, con los que Shyamalan realiza varios planos con zooms propiamente dichos a lo largo de la producción. Así que en este aspecto, el film también es mucho más una continuación de “Split” que de “Unbreakeable”, en la que Eduardo Serra, estupendo director de fotografía portugués, pero generalmente afincado en Francia, empleó el entonces tradicional formato 35mm anamórfico con finalización fotoquímica, siendo además hasta la fecha el único film de Shyamalan que ha recurrido a esta configuración, que en “Glass” puede verse en un par de ocasiones en las que la película recurre a imágenes de “Unbreakeable” para ilustrar un par de flashbacks. Estéticamente, “Glass” difiere por completo del anterior trabajo de Gioulakis, la mencionada “Under The Silver Lake”, mucho más colorida que el presente título, en el que a medida que avanza la proyección no solo siguen presentes los cielos nublados de la ciudad de Filadelfia en la que se desarrolla la acción, sino que además, el color parece desvanecerse en búsqueda de una paleta de color de fuerte tendencia monocromática.

El trabajo de Gioulakis es bueno, pero sin enamorar, ni mucho menos. Luce y funciona bien en el tercio inicial, en el que Shyamalan presenta la acción y une los mundos de “Unbreakeable” y “Split”, con el estilo moderno que caracteriza a este director de fotografía, empleando niveles de luz reducidos y muchas fuentes de luz integradas en el plano o, a veces, como en la nave industrial en la que el personaje de James McAvoy comete sus fechorías, con las tomas iluminadas desde las ventanas haciendo las veces de única fuente de iluminación. Pero una vez que la acción se traslada al hospital psiquiátrico en el que tiene lugar el grueso de la acción, la imagen tiene menos posibilidades e incluso la estética del propio lugar da mucho menos juego, con bastante iluminación cenital tipo LED o fluorescente y paredes blancas. Solo en las escenas nocturnas, en las que el director de fotografía asume riesgos con la subexposición, el aspecto recobra cierto interés, ya que por más que por diseño de producción aparecen algunos escenarios extraños (como esa habitación rosa en la que la psiquiatra interroga a los tres personajes principales), la imagen es algo plana en general y no demasiado atractiva. Las cosas tampoco mejoran especialmente en el climax del film, rodado en exteriores diurnos bajo los mismos cielos encapotados de la primera parte de la proyección, de modo que, como decíamos, no es un trabajo brillante, ni uno especialmente vistoso, aunque sí que hay que reconocer que se ajusta bien al habitual perfil bajo que trata de mantener M. Night Shyamalan durante sus películas.

En este aspecto, quizá lo mejor sea precisamente la puesta en escena del director, generalmente basada en focales angulares que aprovechan bien el formato panorámico. Sin embargo, no es tan llamativa (a la par que austera) como la que caracteriza a sus mejores obras, aunque siempre deja entrever que detrás de las cámaras se encuentra un director que tiene muy claro lo que quiere mostrar, cómo lo quiere mostrar y dónde situar exactamente la cámara. Con ello a veces consigue tomas impactantes, como el subjetivo “dutch-angle” del personaje de Glass en la escena con la psiquiatra, o esa otra toma hacia el final de la proyección en la que sitúa a su cámara contrapicada dentro del agua, consiguiendo un plano muy expresionista de los personajes que miran hacia el mismo. Lástima que el camino escogido para realizar esta secuela (cuyo presupuesto es relativamente reducido, pues sólo ha costado veinte millones de dólares) haya sido uno que trata de verbalizar el enfrentamiento entre los personajes de Willis y McAvoy y de hecho, prácticamente lo evita, hecho del que emanan la mayor parte de los problemas de una tercera parte que, sin ser una mala película, sí decepciona y se encuentra lejos de las dos con las que Shyamalan abrió esta trilogía.

Título en España: Glass
Año de Producción: 2019
Director: M. Night Shyamalan
Director de Fotografía: Michael Gioulakis
Ópticas: Zeiss Master Primes, Angenieux Optimo
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa (ARRIRAW 3.4K), 2.4:1

Vista en DCP

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