It Follows

Curiosa película de terror, que referencia tanto “Halloween” (John Carpenter, 1978) como “Blue Velvet” (David Lynch, 1986), con la que comparte, entre otras cosas, la ambientación en los suburbios de una gran ciudad de los EEUU (en este caso, la muy decadente Detroit). Jay (Maika Monroe) es una joven que, tras salir varias veces con un chico (Jake Weary), se acuesta con él. Todo parece ir bien, hasta que éste de pronto le informa de que acaba de traspasarle una especie de maldición, consistente en que un extraño ser, capaz de adoptar la forma de personas conocidas, comenzará a seguirla en cualquier momento. Y si la toca morirá, excepto que traspase de nuevo la maldición acostándose con otra persona. El argumento, si bien original, podría haber resultado ridículo en manos incorrectas, pero ello no es el caso del realizador David Robert Mitchell, que se toma muy en serio su propuesta y, a través de una puesta en escena pausada, con muchas tomas largas y elaboradas, consigue un pequeño film destinado a convertirse en un clásico del género.

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El director de fotografía es Michael Gioulakis, en uno de sus primeros trabajos como primer operador, después de haber aprendido el oficio trabajando como eléctrico, grip o gaffer en diversas producciones. A pesar que la producción es de muy bajo presupuesto para los estándares americanos, lo cierto es que hace muy buen uso de sus recursos y de las localizaciones –algunas de ellas, abandonadas realmente- de las afuertas de Detroit, que si bien no engañan en cuanto a la escala de la producción, sí que consiguen elevar los valores de la misma. Por otro lado, no es una película en la que los efectos visuales proliferen, sino que el presupuesto para este apartado parece que se ha empleado más bien en conseguir unos cuantos y efectivos efectos de maquillaje.

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Como decíamos, si algo destaca de “It Follows” es la puesta en escena del realizador David Robert Mitchell, comenzando por un fenomenal plano secuencia inicial (una chica, de la que el espectador no sabe nada, huyendo despavorida como si algo invisible la persiguiera) rodado en la hora mágica. También, dentro de la puesta en escena, es muy llamativo y para nada disimulado (ni tiene por qué) el uso del zoom, utilizado muy frecuentemente a lo largo de todo el metraje para realizar acercamientos, simular puntos de vista o sugerirlos; de hecho, el zoom, al igual que las focales más tendentes al objetivo, son herramientas imprescindibles para una puesta en escena voyeurística como la presente, circunstancia que los cineastas parecen manejar a la perfección. También es muy destacable, por supuesto, el uso que se hace de los fondos (con una profundidad de campo muy razonable) para incrementar la tensión, haciendo que el espectador esté constantemente en alerta ante la posible presencia del extraño seguidor. También favorece mucho, por supuesto, la utilización de focales angulares, a veces con la cámara pegada a los actores, durante las escenas no estrictamente “observacionales”.

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Gioulakis siempre parece buscar un aspecto muy directo y realista, como por ejemplo en sus exteriores diurnos, en los que seguramente las limitaciones de presupuesto le hacen evitar por completo las fuentes de iluminación artificiales, que a buen seguro podrían haberle ayudado a mejorar la continuidad y consistencia de sus imágenes en estas situaciones. Sus noches, al contrario que las de los clásicos de Carpenter que referencia tan cercanamente la película en otros aspectos, optan por un aspecto de luz blanca o de sodio realizada con fuentes de tungsteno, a veces de forma demasiado dura y directa (el uso de difusión reduce la intensidad de la luz, y seguramente los cineastas no podían permitirse aparatos de mayor potencia, o incluso generadores), pero siempre de forma correcta, aunque para el gusto del que suscribe estas líneas, es muy posible que pequen de un exceso de luz. Quizá más interesantes son los interiores nocturnos, algunos de ellos muy bien resueltos y con bajos niveles, como aquél en el que los protagonistas se refugian en casa intentando proteger a la chica, en el que prácticamente la gran lámpara integrada en el salón hace el grueso del trabajo. El humo, aparente en algunas escenas, podría ser perfectamente un simple filtro “Smoque” en cámara, aunque tampoco es del todo consistente, como tampoco lo son las exposiciones en algunos momentos de la proyección, con algunas escenas que dan la apariencia de cierta subexposición no intencionada.

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Los resultados son bastante aceptables, quizá demasiado inconsistentes en cuanto al uso de la luz y de las diferentes texturas de la misma, pero lo cierto es que la puesta en escena del film (con sus planos secuencia) y el uso en general de la cámara (incluyendo el zoom) hacen que la imagen de “It Follows” se eleve notablemente y constituya uno de los pilares del éxito de la película, a pesar que en todo caso, las ideas del realizador parecen ir un par de pasos por delante que la ejecución técnica de las mismas. Según el operador, el 90% de la película está rodada con la Arri Alexa, excepto algunos momentos en que los cineastas necesitaban un rig más ligero y, no pudiendo permitirse el coste de la Alexa M, optaron por una Red Epic MX en su lugar, circunstancia que no es para nada perceptible en pantalla.

Título en España: It Follows
Año de Producción: 2014
Director: David Robert Mitchell
Director de Fotografía: Michael Gioulakis
Ópticas: Cooke S4, Arri Alura, Angenieux Optimo 24-290mm
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa (Pro-Res) & Red Epic, 2.4:1

Vista en DCP

© Harmonica Rental & Cinema/Ignacio Aguilar, 2015.