Blade Runner 2049

Tardía continuación (treinta y cinco años después) del clásico de Ridley Scott, en la que repite uno de los guionistas originales, Hampton Fancher, pero no lo hace el director británico, que aquí se reserva el crédito de productor ejecutivo. Al frente de la película, muy esperada en determinados círculos, se encuentra el notable cineasta canadiense Denis Villeneuve, director capaz de aunar consecutivamente éxitos de taquilla y especialmente de crítica con “Prisoners” (2013), “Sicario” (2015) y “Arrival” (2016), a pesar que paulatinamente se va alejando más y más de su faceta más autoral, vista por ejemplo en “Enemy” (2013). La nueva película tiene como protagonista a otro Blade Runner, en esta ocasión encarnado por Ryan Gosling, quien tras retirar a un viejo replicante fabricado por Tyrell, encuentra evidencias de algo que parece increíble y que le lleva a la búsqueda de Deckard (Harrison Ford). Con una duración exagerada –se acerca a las tres horas- y un tono solemne y grave, la mejor parte de su metraje es la investigación a modo de cine negro que efectúa el personaje de Gosling, siguiendo los pasos del Blade Runner del original. Pero el film no consigue la trascendencia que persigue, siendo el menos personal e interesante de Villeneuve hasta la fecha, con actores poco aprovechados como Jared Leto o Robin Wright, aunque el envoltorio visual mantenga el tipo ante la magnificencia del original en este apartado. Ana de Armas, Mackenzie Davis y hasta Edward James Olmos, en un breve cameo, completan el reparto del film. 

El director de fotografía sobre el que ha recaído esta dificil tarea es el británico de 68 años Roger Deakins [ASC, BSC], colaborador ya de Villeneuve en “Prisoners” y “Sicario” y que en la actualidad es sin lugar a dudas uno de los número uno de su profesión a nivel mundial. Famoso primero por su asociación con los hermanos Joel & Ethan Coen desde los tiempos de “Barton Fink” (1991), que incluye títulos como “Fargo” (1996), “The Big Lebowski” (1998), “The Man Who Wasn’t Here” (2001), “No Country for Old Men” (2007) o, más recientemente, “Hail Caesar!” (2016), poco a poco Deakins fue abriendo su obra a otros directores, como Frank Darabont (“The Shawshank Redemption”), su primera nominación al Óscar en 1994, Martin Scorsese (“Kundun”), M. Night Shyamalan (“The Village”), Andrew Dominik (“The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford”) o, por supuesto, Sam Mendes (“Jarhead”, “Revolutionary Road”, “Skyfall”) o el propio Villeneuve, entre los más exitosos. Actualmente, Deakins acumula ya trece nominaciones al Oscar, sin que aún haya obtenido nunca la preciada estatuilla dorada, a pesar que sus colegas de la American Society of Cinematographers (ASC) le hayan concedido ya tres premios, además de uno honorífico.

El trabajo del tristemente desaparecido Jordan Cronenweth [ASC] en “Blade Runner“, con sus neones, haces de luz y humo en el set es uno de los más famosos e influyentes del cine de la segunda mitad del siglo XX. Cronenweth, un director de fotografía muy personal y moderno, que falleció con apenas 61 años de edad y cuya obra en cine es breve debido a la enfermedad de Parkinson que sufría, se inspiró sobre todo en el trabajo de Gregg Toland en “Citizen Kane” (Orson Welles, 1941), dejándose apoyar también por la modernísima estética que entonces representaba Ridley Scott (uno de los nombres más importantes de la publicidad británica de los años 70) y del grupo de artísticas que les acompañaron en el film, con diseños de Syd Mead, decorados de Lawrence G. Paull y efectos especiales fotográficos diseñados por Douglas Trumbull, con maquetas rodadas con humo y en 65mm. Sus fuertes claroscuros, haces de luz dura suavizados con partículas en suspensión, e incluso sus luces en constante movimiento, siguen siendo hoy en día uno de los puntos fuertes de un film cuya atmósfera es más potente que su narrativa o su mensaje. Aunque Deakins haya declarado ya que él no es Jordan Cronenweth, así como que en ningún momento se ha planteado imitarle, lo cierto es que también estaba obligado (por lo menos hasta cierto punto) a ligar ambos films a través de la imagen, aunque curiosamente, el departamento que más ha trabajado en dicha conexión haya sido el de efectos visuales, cuya recreación digital del universo analógico ideado por Trumbull y ejecutado por su socio Richard Yuricich [ASC] junto con David Dryer es muy fiel a la de los paisajes y ambientes nocturnos del film original de 1982.

A pesar que durante un tiempo se rumoreó que “Blade Runner 2049” iba a ser uno de los proyectos rodados con la cámara Arri Alexa 65 (que equipa el mismo sensor que las cámaras Alexa convencionales, solo que es unas tres veces más grande), lo cierto es que el propio Deakins descartó el gran formato y se decidió por la Alexa “normal” porque, parece ser, no le convencían las lentes adaptadas por Arri para el mismo, con aperturas de diafragma generalmente entre T2.8 y T3.5. En su lugar, Deakins ha preferido continuar trabajando con los Arri/Zeiss Master Prime, con los que puede conseguir efectos lumínicos con niveles ínfimos y una profundidad de campo muy reducida a su máxima apertura de T1.3, evitando –algo muy importante para el operador británico- los flares, velados y destellos a los que las lentes Hasselblad de formato medio son muy sensibles, por cierto. Sí que ha utilizado la resolución máxima que permite la Arri Alexa al rodar en formato ArriRaw Open Gate 3.4K, llevando por lo tanto a su terreno el lienzo sobre el que construir las imágenes, muy alejado en este aspecto del negativo de 100 ASA (Kodak 5247) y del formato 35mm anamórfico del film original.

Por más que Deakins no haya querido imitar a Cronenweth, sí que es cierto que hay un buen número de secuencias en las que la utilización (o apariencia) de humo en los exteriores nocturnos, con el extensivo uso de fuentes de iluminación LED integradas en los fondos y el halo de luz suavizada que se forma en torno a los mismos, recuerda de inmediato a la estética de la película de Scott o, cuando menos, a las formas y estilo de la misma, filtradas a través de tantos años de referencias e imitaciones en manos de otros cineastas. “Blade Runner 2049” muestra al Deakins de “Skyfall” durante largos segmentos de la proyección; es decir, al Deakins más estilizado y con menos miedo a los fuertes contrastes, gracias a que la exposición en formato digital permite ser (cuando se trabaja en niveles tan extremos de la curva) más preciso y, por lo tanto, más valiente que cuando se exponía un negativo sujeto a más variables. Como en “Skyfall”, además, Deakins abraza todo tipo de fuentes modernas de iluminación, creando secuencias dominadas por tonos azulados, otras por dorados e incluso una –que no acaba de funcionar- entre los personajes de Gosling y Ford en la que las mezclas de color son muy fuertes. Cuando Deakins hace de Deakins y se deja guiar por las fuentes de luz integradas en los planos y trata de respetar su lógica y realismo (como por ejemplo durante la escena final en las naves en el agua, o todos esos planos en los que los personajes o los sets están tenuamente iluminados o dejados en penumbra), sus imágenes son muy poderosas. Sin embargo, en otras en las que intenta recuperar la esencia y estilo del original (como las que tienen lugar en las instalaciones del personaje de Jared Leto), con luces fluctuantes, reflejos y efectos de ideas y venidas de luces amarillentas, la película se resiente mucho y el trabajo de Deakins luce demasiado impostado.

Los tonos anaranjados de parte del metraje, quizá sorprendentes dentro del frío universo que concebimos para “Blade Runner”, encajan en cambio de forma más o menos razonable dentro del film. La parte que sin embargo es mucho más convencional es aquélla que transcurre dentro de las depedencias policiales del personaje de Robin Wright o dentro del apartamento de Gosling; su aspecto es tan mundano y habitual en casi cualquier producción actual que cuesta creer que Deakins, casi siempre dispuesto a mostrar imágenes poderosas y diferentes, haya querido tomar un aproximamiento de este estilo para parte del film. Los resultados globales, por lo tanto, son dignos, ya que la fotografía de Roger Deakins, sin querer imitar a Jordan Cronenweth, sí que consigue darle el aire “Blade Runner” que esta continuación necesitaba. Pero resulta curioso que ni con toda la moderna artillería con la que el generosísimo presupuesto le ha permitido contar, ni con los más modernos equipos de rodaje o incluso herramientas de post-producción, haya logrado un trabajo que se acerque al alarde de modernidad (pero enraizado en el clasicismo de Toland) que ofreció Cronenweth treinta y cinco años atrás; con su apabullante estilo, el Los Ángeles de noviembre de 2019 estaba mucho más vivo, más sucio y mucho más decandente que el de esta nueva aventura ambientada treinta años más adelante. Pero quién sabe, aunque no sea ni mucho menos el mejor trabajo de Deakins, ni aquél en el que el director de fotografía se muestre más cómodo e inspirado, quizá no sea demérito suyo, sino que quizá ello deba servirnos para apreciar, aún más si cabe, el enorme talento de un director de fotografía adelantado a su tiempo y cuya enfermedad nos privó de disfrutar en muchos más títulos: Jordan Cronenweth.

Título en España: Blade Runner 2049
Año de Producción: 2017
Director: Denis Villeneuve
Director de Fotografía: Roger A. Deakins, ASC, BSC
Ópticas: Arri/Zeiss Master Primes
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa (ArriRaw 3.4K), 2.4:1

Vista en DCP

¿Te ha gustado esta reseña? ¡Siguenos en Facebook!

© Harmonica Rental & Cinema/Ignacio Aguilar, 2017.