There Will Be Blood

Tan fantástica como libre adaptación de una novela de Upton Sinclair, que en manos del cineasta californiano Paul Thomas Anderson, se convirtió en una de las grandes películas de su década. Por supuesto, el film también le debe mucho a la magnética presencia de Daniel Day-Lewis en el papel principal, que curiosamente hace que éste sea un film prácticamente sobre ese personaje, cuando el cine anterior de Anderson había destacado precisamente por ser absolutamente coral. En cualquier caso, el argumento gira en torno a los primeros buscadores y explotadores de petróleo de los EEUU, siguiendo a Daniel Plainview (Day-Lewis) desde sus inicios como buscador de oro. Tras un accidente mortal de un compañero, adopta al bebé de éste como hijo propio y juntos comienzan a comprar tierras y explotarlas en busca del oro negro. Pero la codicia, envidia y dificil carácter del ambicioso Plainview, así como un desgraciado accidente, hará que la relación padre-hijo se vuelva tormentosa, al igual que también lo es la relación de Plainview con el guía espiritual de la zona (Paul Dano).

El director de fotografía fue Robert Elswit [ASC], quien hasta la fecha había fotografiado todas las películas de Anderson: “Sydney” (1996), “Boogie Nights” (1997), “Magnolia” (1999) y “Punch Drunk Love” (2002). Sigue siendo el operador predilecto de Anderson, pero Elswit se encuentra muy demandado y en dos películas sus calendarios les han impedido coincidir: “The Master”, en la que fue sustituido por Mihai Malaimare, así como “Phantom Thread” (2017), en la que Anderson decidió colaborar con su equipo de cámara y no convocar a un director de fotografía propiamente dicho para sustituir a Elswit. Hasta su colaboración con Anderson, Elswit, nacido en 1950, era un director de fotografía no demasiado conocido, a pesar de colaboraciones con Curtis Hanson en películas como “The Hand That Rocks The Cradle” (1992) y “River Wild” (1994), sus trabajos más destacables desde que ocupara el puesto de primer operador a comienzos de los 80. En los 2000, asimilada ya por Hollywood su importante asociación con Anderson, comienza a ser muy demandado, con títulos como “Good Night, And Good Luck” (2005) (su primera nominación al Oscar) o “Michael Clayton”, en primero de ellos dirigido por George Clooney y, el segundo, con el actor delante de las cámaras y Tony Gilroy tras ellas. Tras ganar el Oscar por el presente título, se convierte en uno de los directores de fotografía nortamericanos de más trabajo y prestigio, alternando películas “serias” y entretenimientos como “MI:4” y “M:I5“.

A fin de lograr que el aspecto de “There Will Be Blood”, cuya acción transcurre principalmente en Nuevo México en el primer cuarto del siglo XX, fuera lo más veraz y auténtico posible, Paul Thomas Anderson tuvo la audacia de recurrir al estupendo diseñador de producción Jack Fisk, habitual de David Lynch, pero sobre todo de Terrence Malick, para el cual se ocupó precisamente de “Days of Heaven” (1978), uno de los títulos con los que siempre se ha comparado a esta película. Toda la ambientación, en la forma de decorados, maquinaria, vestuarios, etc. rezuma autencidad, circunstancia muy importante para un director de fotografía porque, al fin de al cabo, éste fotografía lo que le ponen delante de su objetivo. Además, por supuesto, “There Will Be Blood” está claramente marcada también por el conocido mantra de Paul Thomas Anderson, especialmente en aquélla época: rodaje en 35mm con finalización fotoquímica, formato panorámico anamórfico y utilización en exclusiva de las emulsiones de grano más fino que les era posible emplear en las condiciones de iluminación del film (hasta 200 ASA). Como consecuencia, el grueso del film está rodado con versiones modificadas de las Series C y E de Panavision (de ahí que muchas tomas exteriores tengan un velo muy notorio y que las lentes sean sensibles especialmente a los destellos), aunque la serie Super High Speed, con aperturas de hasta T1.1, tuvo que ser usada en muchos interiores ya que la renuncia a una emulsión de 500T, obligaba a Elswit a rodar muy abierto de diafragma. Además, para algunos planos específicos, Anderson hizo que Panavision adaptase a su formato una lente Pathé 43mm de 1910 de su propiedad. Algunas tomas (como la de Plainview con el niño en el tren) están rodadas con la misma. También se adaptaron a anamórfico un par de lentes esféricas de la serie Standard Prime de Panavision, la más antigua de todas.

Estéticamente, “There Will Be Blood” es una película en la que Robert Elswit trata de hacer lo mínimo posible con la iluminación artificial, dejando que sea la luz natural y disponible la que realice por sí misma gran parte del verdadero trabajo de iluminación. Ello es especialmente evidente en los exteriores diurnos, en los que Elswit, de manera muy frecuente, utiliza fuertes sobreexposiciones que le permiten no tener que utilizar siquiera la luz de relleno. Además, dichas sobreexposiciones afectan mucho a la imagen, ya que a través del tratamiento antirreflectante especial (o la falta de) que llevaban sus lentes, ello provoca que la imagen posea un fuerte velado de manera muy evidente. Son bastantes los exteriores en los que Elswit y Anderson, asimismo, ruedan durante los primeros rayos de sol del amanecer o los últimos del atardecer. Estos planos en la denominada “hora mágica” poseen una excelente calidad, con la luz suave y los extraños colores que caracterizan ese momento del día. En los interiores día, Elswit utiliza mucha luz suave a través de las ventanas, produciendo a veces también ese citado efecto de velado, mientras que en los interiores noche predomina la luz cenital suave, a través de lámparas colgadas desde arriba con mucha difusión, o aparatos especiales que la llevan ya integrada como los Rifa o las bolas chinas de papel. En general, su trabajo deja tanta aleatoriedad a las sobreexposiciones, subexposiciones, luz directa del sol, contraluz, hora mágica, etc. que resulta muy orgánico y ello hace que sea también más creíble.

El resultado es un film muy elaborado, pero de la manera más natural, sencilla y minimalista posible, incluyendo fuegos reales cuando Elswit tiene que iluminar las caras de los actores con hogueras o mirando el gran fuego durante la secuencia del accidente. A veces hay algún exterior nocturno en el que el director de fotografía se pierde un poquito y hay un exceso de luz, pero en general es un trabajo muy bien realizado y que apoya de manera fundamental (junto con los mencionados diseños de producción y vestuario) a que el film tenga esa apariencia tan real y veraz. Además, no hay que olvidar que a calidad de imagen, en proyección en 35mm y copias por contacto, era extraordinaria, en una época en que aún no se había implantado la proyección digital pero muchas películas eran finalizadas digitalmente. Todo ello unido al innato talento para la puesta en escena de Anderson, aquí ya notablemente más comedido que en los tiempos de “Boogie Nights” y “Magnolia”, hacen que la fotografía de “There Will Be Blood” resulte globalmente excelente y una justa ganadora de los premios de la Academia y de la American Society of Cinematographers (ASC), los únicos que ha ganado Elswit hasta la fecha. Lo que nunca sabremos que es qué hubiera ocurrido en ambos certámenes si Roger Deakins no hubiera comparecido a los mismos con dos de sus mejores obras (“The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford” y “No Country for Old Men”), algo que seguramente hizo que los votos para el director de fotografía británico se dividieran y aún tuviera que esperar muchos años para alcanzar la estatuilla dorada.

Título en España: Pozos de Ambición
Año de Producción: 2007
Director: Paul Thomas Anderson
Director de Fotografía: Robert Elswit, ASC
Ópticas: C-Series, E-Series, Super High Speed, SP & Super Panazoom Cooke, Pathé
Emulsión: Kodak 5201 (50D) & 5217 (200T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.4:1
Premios: Oscar a la Mejor Fotografía, American Society of Cinematographers, BAFTA (nom), British Society of Cinematographers

Vista en 35mm & Blu-ray

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