Southern Comfort

Un grupo de soldados de la Guardia Nacional de los Estados Unidos se encuentra realizando unas prácticas en los pantanos del estado de Louisiana. Tras desorientarse, deciden tomar prestadas unas canoas para cruzar una de las numerosas áreas húmedas del lugar, pero ello no se lo toman demasiado bien unos lugareños que deciden ir a por los soldados y darles caza. Perdidos, sin víveres ni agua, sin conocer el terreno y sin un líder, los soldados vivirán una auténtica pesadilla siendo presas de unos hombres desconocidos que no parecen tener otro fin más que el de acabar con sus vidas. Se trata de una de las películas más conseguidas del cineasta norteamericano Walter Hill, co-escrita con su habitual David Giler (ambos se encargaron de darle el toque final al guión de “Alien” (1979), de la que además fueron productores), que en ocasiones, por su brutalidad y ambientación en lo más profundo del sur de los Estados Unidos, ha sido comparada con la obra maestra de John Boorman, “Deliverance” (1972). Sea o no acertada la comparación, lo cierto es que especialmente el tramo final de “Southern Comfort” raya a un gran nivel, con una excelente administración del suspense por parte de Hill, siendo un film que sin duda va de menos a más a lo largo de su proyección. Peter Coyote, Keith Carradine, Powers Boothe, Brion James o Fred Ward son algunos de los populares rostros del reparto del film.

El director de fotografía fue el húngaro Andrew Laszlo [ASC], un operador cuyo nombre no sea demasiado conocido e incluso puede ser confundido con el de su compatriota –y hombre de más fama y prestigio- Ernest Laszlo, con el que no guardaba relación. Emigró a EEUU con 21 años de edad y, sin hablar una palabra de inglés, comenzó a realizar trabajos de fotografía que posteriormente le llevaron a trabajar en televisión durante de la década de los 60. Desde este medio dio el salto al cine, trabajando para Francis Coppola en 1965 (“You are a Big Boy Now”), William Friedkin (“The Night They Raided Minsky’s”, 1966) o Herbert Ross (“The Own and the Pussycat, 1970), en la que tuvo que sustituir a Harry Stradling Sr. tras su fallecimiento durante el rodaje. Su relación de trabajo más satisfactoria es la que tuvo precisamente con Walter Hill, con títulos como “The Warriors” (1979) y “Streets of Fire” (1984) además del presente. También se hizo cargo, con grandes resultados, de “First Blood” (Ted Kotcheff, 1982) y en la parte final de su carrera, de algunos films con complicados efectos, como “Poltergeist II: The Other Side” (Brian Gibson, 1986), “Innerspace” (Joe Dante, 1987) o “Star Trek V: The Last Frontier” (William Shatner, 1989).

De todos estos films, la estética de “Southern Comfort” vendría a ser un claro antecedente de la de “First Blood”, la primera de las aventuras cinematográficas de Sylvester Stallone encarnando a John Rambo, solo que en esta ocasión, como en casi toda su filmografía, Walter Hill prescindió del formato panorámico anamófico. Al igual que “Deliverance“, “Southern Confort” fue rodada en lugares de dificil acceso y complicada logística, “Southern Comfort” debió de resultar una película complicada para Andrew Laszlo y todos aquéllos que participaron en la misma. El film destaca por su paleta de tonos ocre, marrones y grises que ofrecen un aspecto otoñal, que se complementa bien además con un rodaje que casi siempre se produjo evitando la luz solar directa, ya sea mediante telas y sedas suspendidas sobre los actores para cortarla y difuminarla, o porque la producción se encontró con jornadas de rodaje con ese clima, principalmente.

Cuando aparece la luz del sol en algunas escenas, ésta es en todo caso débil y tenue, sin apenas intensidad. Todo ello hace que la película tenga un aspecto realista y más que natural, amenazador y salvaje. Laszlo aún así se ve obligado a iluminar algunas escenas para conseguir algo de relleno sobre los personajes o bien alguna luz puntual sobre sus ojos; también hay algunas escenas nocturnas en las que intenta resolver de forma sencilla una situación imposible como lo es iluminar esos pantanos. No es un trabajo tan interesante como la fotografía nocturna de las calles de Nueva York en “The Warriors” –que en muchos aspectos es absolutamente opuesto en cuanto a operativa al que el mismo director de fotografía tuvo que realizar en esta ocasión- pero está lo suficientemente bien resuelto incluso en esas situaciones, aunque no sea demasiado destacable, ya que además las localizaciones, como indicábamos anteriormente, están explotadas por su lado más tétrico y desagradable.

La puesta en escena sí que es muy típica de Walter Hill, ya que además de la renuncia al formato panorámico anamórfico, muestra su tendencia a utilizar muchos teleobjetivos a lo largo de la proyección, lo cual también redunda en que la profundidad de campo es, en bastantes ocasiones, muy reducida, ya que al rodar en estas localizaciones y con condiciones de luz ambiental algo escasas, las lentes debían de estar bastante abiertas de diafragma para exponer correctamente el negativo de apenas 100 ASA que había en la época. A pesar de las focales medias o teleobjetivos, los cineastas coreografían bastantes tomas con muchos personajes repartidos por el encuadre (algo que también aparecía en “The Warriors”) y, sobre todo, los estallidos de violencia están tratados de la forma habitual en Hill: con las cámaras súper lentas que el realizador tomó sin ningún género de duda de Sam Peckinpah. Los resultados, por lo tanto, son interesantes, como lo es el cine de Walter Hill en general y más aún en esta época dorada de su carrera, aunque quizá sus obras urbanas estén un punto por encima más logradas y elaboradas que la presente, al menos en lo estético.

Título en España: La Presa
Año de Producción: 1981
Director: Walter Hill
Director de Fotografía: Andrew Laszlo, ASC
Ópticas: Panavision Ultra Speed
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1

Vista en Blu-ray

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