The Tenant

Adaptación de una novela de Roland Topor, escrita por Gérard Brach y el realizador Roman Polanski, con la que el director franco-polaco volvió a Europa e interpretó el papel principal (el Sr. Trelkovsky) de un film cuya temática (un hombre alquila un apartamento en París y el suicidio de la anterior inquilina y sus propios vecinos van perturbándole poco a poco) enlaza directamente con la de otros dos clásicos anteriores del realizador de “Chinatown”: “Repulsion” (1965) y “Rosemary’s Baby” (1968). Como en aquéllas, el Polanski realizador juega muy bien sus bazas y se mueve a la perfección en la frontera entre el thriller psicológico y el cine de terror, con una magnífica progresión de elementos perturbadores e inquietantes a medida que avanza el relato. Melvyn Douglas, Shelley Winters e Isabelle Adjani son algunos de los rostros populares que acompañan al director delante de la cámara, el cual, como actor, también es capaz de sacar adelante un papel verdaderamente comprometido.

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“The Tentant” (o “Le Locataire”, su título francés) fue rodada principalmente en interiores de estudio que el diseñador Pierre Guffroy (colaborador de Bresson, Malle, Godard y Buñuel, entre otros, y habitual de Polanski) construyó para la ocasión. Según cuenta el director de fotografía sueco Sven Nykvist [ASC] en su autobiografía, Polanski le escogió porque estaba acostumbrado a mostrar el dolor y la soledad de sus personajes a través de sus obras para Ingmar Bergman, su colaborador más habitual y al que habitualmente se le asocia. Nykvist, ganador del Oscar en dos ocasiones (en 1972 y 1982, por sendos trabajos para Bergman), desde primeros de los 70 abrió su filmografía a cineastas extranjeros, lo que le llevó a trabajar con nombres del calibre de Richard Fleischer, John Huston, Louis Malle, Alan J. Pakula, Volker Schlöndorff, Bob Rafelson, Bob Fosse, Andrei Tarkovsky, Philip Kaufman o Woody Allen, para el cual filmó varios de sus trabajos en los 80 y 90, en la etapa en que éste lo alternaba junto a Carlo Di Palma. También, parece ser, iba a colaborar de nuevo con Roman Polanski en “Hurricane” (1979), película que finalmente hizo sólo Nykvist, ya que tras el escándalo sexual que rodeó al realizador a finales de los 70, Polanski tuvo que huir a Europa y descartar la millonaria oferta de Dino De Laurentiis para apuntarse a la moda del cine de catástrofes. Sin embargo, cuando recuperó su carrera con “Tess” (1979), Polanski contó entonces con Geoffrey Unsworth, que acabaría ganando un Oscar póstumo por su trabajo, y nunca volvió a trabajar con Nykvist.

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“The Tenant”, como todas las películas de Polanski, destaca por una puesta en escena con angulares en la que los actores están situados muy cerca de la lente, lo que produce una fuerte distorsión tanto de sus rostros como de los propios lugares en los que se encuentran (circunstancia que, en este caso, fomenta la sensación de agobio del protagonista, que aparenta todavía más estar encerrado en el pequeño espacio en el que vive). Nykvist, como otros directores de fotografía que han trabajado con Polanski, asegura que el realizador quería filmar absolutamente todo con un 25mm, negándose a emplear focales más largas incluso en los primeros planos. Y como todo director de fotografía que ha comentado esta historia, parece ser que nunca consiguió convencer a Polanski para su aproximamiento. El trabajo de cámara, muy sobrio como de costumbre, puede que sí que utilice focales todavía más angulares para los planos más inquietantes, para los que Polanski reserva una nerviosa cámara al hombro, a veces subjetiva y que, a la postre, es uno de los elementos más logrados de la película. También se usó un modelo primitivo de la grúa Louma para los planos en el patio de luces del edificio, cuyo movimiento, fluido pero a veces entrecortado, que aporta mucho al estado de descomposición mental del protagonista en los momentos en que se utiliza este recurso. En este sentido, la película también contiene algunos curiosos trucos, como por ejemplo recurrir a pinturas como sustitución de elementos de atrezzo (atención al momento en que Trelkovsky, enfermo, intenta coger una botella de agua con la mano, sin levantarse de la cama, que Polanski usa para engañar al espectador con la perspectiva), todos ellos encaminados a describir la fragilidad mental del personaje interpretado por Polanski.

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En cuanto a la luz, “The Tenant” tiene una pretensión muy clara de mostrar tanto el apartamento en el que sucede gran parte de la acción, como el resto de exteriores parisinos, de una forma algo grotesca y degradada. Por ello, Nykvist adopta un aproximamiento naturalista, en el que jamás se pretende que los actores o los lugares aparezcan favorecidos. Lo mejor de su trabajo es la forma en que ilumina el apartamento de Trelkovsky por la noche, con una luz muy ténue que entra a través de las ventanas y a menudo es filtrada por las cortinas, con mucha oscuridad y con la penumbra absoluta apoderándose de la mayor parte de los fotogramas. El resto, incluyendo muchos otros interiores, apoyándose en las fuentes integradas del mismo como fuente principal, utiliza generalmente algo de luz rebotada para incrementar los niveles de luz y reducir el contraste. Pero debido al carácter híbrido de su formación (aunque receptivo a las nuevas tendencias, Nykvist se formó en el blanco y negro clásico), lo que muestra gran parte del metraje es una confusión estilística demasiado grande: aunque tiende a justificar sus fuentes de luz y a utilizar luz rebotada o difusa, en no pocas circunstancias todavía ilumina a los actores mediante luces puntuales de aparatos Fresnel sin difuminar (atención a la escena en la que Trelkovsky acude a la comisaría, en la que ni siquiera el color está equilibrado), a veces como luz principal u otras, incluso como mero relleno. Ello hace que la imagen sea muy irregular (algo que también ocurre aparentemente con las exposiciones, ya que la estructura de grano tampoco es consistente a lo largo de la proyección) y de la apariencia de cierta dejadez, ya que ni el estilo de luz se mantiene a lo largo de la proyección, ni los colores están siempre equilibrados de la misma forma en los exteriores reales.

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Sin embargo, aunque parece que no está hecho a propósito, por lo menos hasta este punto, el feismo de la imagen acaba encajando muy bien con la narrativa, los personajes y los lugares que aparecen en la misma (pocos lugares pueden ser más tétricos que el apartamento de Trelkovsky); no cabe duda de que existía la intención de mostrar un ambiente cada vez más asfixiante y amenazador para el protagonista, pero tampoco parece probable (y mucho menos, en una producción de estas características y con un realizador tan exigente como Polanski) que los problemas de la imagen en pantalla –sobre todo por la ausencia de un hilo conductor en el estilo de la luz- estén hechos a propósito con el fin de dotar de una mayor credibilidad a la escena. Por ello, es probable que “The Tenant” fuera una producción en la que hubiera que completar un gran número de planos con un calendario muy apretado, o bien, que Polanski, por encontrarse delante de las cámaras, pusiera un mayor énfasis en los actores que en la técnica en este proyecto, lo cual, a la vista de los notabilísimos resultados globales, habría sido un gran acierto por su parte.

Título en España: El Quimérico Inquilino
Año de Producción: 1976
Director: Roman Polanski
Director de Fotografía: Sven Nykvist, ASC
Ópticas: Panavision esféricas
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1

Vista en HDTV

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