Life of Pi

Adaptación del best-seller de Yann Martel, que tiene como protagonista a un joven indio que resulta ser el único superviviente de un naufragio, junto con varios de los animales del zoo del que su padre era propietario. Durante sus días como naúfrago, realizará un viaje no sólo a lo largo del océano, sino a través de su propia espiritualidad e instinto de supervivencia. Ang Lee, en un cambio de registro más en su ya larga carrera, dirige con buen pulso el largo segmento central de una película que, en su conjunto, se ve seriamente lastrada tanto por su desconcertante resolución como por su estructura en tres actos y narrativa en primera persona, que seguramente funcionen mucho mejor en la novela que da origen a la película que en el propio film en sí.

El director de fotografía es el chileno afincado en EEUU Claudio Miranda [ASC], quien se inició en el mundo del cine asumiendo la función de gaffer (jefe de iluminación) para operadores como Dariusz Wolski (“The Crow”, “Crimson Tide”), Harris Savides (“The Game”) o Daniel Mindel (“Enemy of the State”), además de fotografiar anuncios publicitarios y videoclips, antes que David Fincher –para el que ya rodó escenas adicionales de “Zodiac”- le diera su primera gran oportunidad como primer operador en “The Curious Case of Benjamin Button”, que se saldó con una nominación al Oscar por su trabajo con las cámaras Thomson Viper y Sony F23. A continuación, Miranda se ha labrado una reputación como operador muy hábil técnicamente en rodajes cargados de efectos visuales generados por ordenador y con cámaras digitales, como demuestra su labor en la secuela de “Tron” con la Sony F35 o en la posterior “Oblivion” con la Sony F65. Por consiguiente, a la hora de rodar una película con una labor importante de imágenes generadas por ordenador, Miranda era una de las opciones más obvias dentro del actual panorama de operadores.

“Life of Pi” está rodada en HD con la cámara Arri Alexa, en formato ArriRaw con el grabador externo Codex, que ofrece imágenes de hasta 2.8K de resolución. Toda la película, desde su misma concepción, es una fábula sobre la fe y las creencias del ser humano, de modo que sus imágenes nunca son o pretenden ser realistas y, en vez de ello, usan en todo momento luz artificial, efectos generados por ordenador para crear y/o completar escenarios y abundante rodaje en estudio para simular incluso los exteriores de la película, entre los que destacan todas las secuencias de la supervivencia al naufragio, rodadas ante pantalla verde, con fondos y agua digitales que casi nunca llegan a ocultar su procedencia artificial.

Miranda, al iluminar, emplea el ya clásico estilo del cine digital basado en exponer su histograma lo más hacia la derecha que puede, sobreexponiéndolo, pero sin dejar que se quemen sus altas luces, a fin de poder llevarse a post-producción una imagen lo más limpia y luminosa posible que permita todo el trabajo de retoque que posteriormente requerirían las imágenes. Así pues, no hay muchas sombras ni atmósfera lumínica durante el film, sino un elaborado trabajo de efectos visuales que crea fondos, contrastes y un estilo visual dominado por colores luminosos y saturados, que resulta muy irreal y artificial, tanto o más que aquellas retroproyecciones y rodaje en estudio como sustitutivo del rodaje en localizaciones del cine de Alfred Hitchcock.

Sin embargo, debido al (fallido) giro de la parte final de la narración, toda la artificiosidad visual de la película, así como de muchas de sus brillantes imágenes generadas por ordenador (la noche con las medusas y la ballena, el barco hundiéndose, la piscina de París, etc) acaba cobrando cierto sentido, que no es que mejore la percepción general de un trabajo que dentro de su estilo, está muy bien realizado, pero al menos, sí se justifica en gran parte. Menos justificación tienen en cambio algunos instantes en que parece que se altera la velocidad de obturación para ampliarla, que producen el temido efecto blur que se asocia inmediatamente con el vídeo de alta definición, así como algunos cambios en la relación de aspecto (a 2.40:1 y 1.37:1) durante y después de la escena de los peces voladores, en la que parece que el formato 3D nativo podría cobrar algo de sentido.

En definitiva, la fotografía de “Life of Pi” no tiene la menor pretensión de ser un trabajo realista, sino que impone en todo momento una fortísima estilización, no a través del uso de la cámara o de la iluminación, sino condicionando ésta para generar y/o alterar las imágenes captadas en el set a través de efectos generados por ordenador, lo que no impide que algunas de las mismas -más allá de su apariencia de “salvapantallas”- sean absolutamente brillantes, icónicas y capaces de dejar poso en la mente del espectador.

Título en España: La Vida de Pi
Año de Producción: 2012
Director: Ang Lee
Director de Fotografía: Claudio Miranda, ASC
Ópticas: Zeiss Master Prime, Angenieux Optimo
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa (ArriRaw, 2.8K), 1.85:1
Otros: Digital Intermediate. Fotografía adicional (Montreal) de John Schwartzman [ASC].
Premios: Oscar a la mejor fotografía, BAFTA a la mejor fotografía, American Society of Cinematographers (nom)

Vista en DCP 2D

© Harmonica Rental & Cinema/Ignacio Aguilar, 2012.