The Beguiled

Adaptación de una novela de Thomas Cullinan, que supone una extraña película en la filmografía tanto de Don Siegel como de Clint Eastwood; de un lado, porque sus formas narrativas son más autorales que en el resto de la filmografía del realizador de “Invasion of the Body Snatchers”, incluso podría decirse, más europeas. Y de otro, porque la película podría decirse que presenta a Eastwood como villano, puesto que el argumento, ambientado en la época de la guerra civil americana, gira en torno a la revolución sexual que se produce dentro de una escuela-internado femenino, cuando un soldado herido (Eastwood) es recogido por una de las chicas. Éste, a medida que se recupera, va fomentando que las chicas se sientan atraído hacia él, con funestas consecuencias. “The Beguiled”, a pesar de ser un título no demasiado conocido, es también una película más que notable y que muestra también el temprano deseo de Eastwood de alejarse de su imagen habitual en un cine más arriesgado y menos comercial, ya desde su propia productora Malpaso.

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El director de fotografía fue el norteamericano Bruce Surtees, el cual, tras varias películas como operador de cámara a las órdenes de su padre, el famoso director de fotografía Robert Surtees (“Ben-Hur”, “Mutiny on the Bounty”, “The Turning Point”), comenzó su carrera como primer operador con la presente película, a la que seguirían títulos como “Dirty Harry” (Don 1971), “Play Misty for Me” (1971, el debut de Eastwood en la dirección), “High Plains Drifter” (1972), “Lenny” (Bob Fosse, 1974, la nominación al Oscar que obtuvo Surtees), “Night Moves” (Arthur Penn, 1975), “The Outlaw Josey Welles” (1979), “Escape From Alcatraz” (1979), “Firefox” (1982) o su último título con Eastwood, la maravillosa “Pale Rider” (1985). Surtees, que había entrado en los equipos de Siegel y Eastwood también como operador de cámara, era visto por éstos como un hombre muy valiente y arriesgado, capaz de buscar formas de trabajo y estilos alternativos a los de la vieja escuela, además de una estética propia, con niveles muy bajos de iluminación y mucha oscuridad, que incluso llega al cine de Eastwood actual, a través de Jack N. Green primero y posteriormente Tom Stern, los cuales fueron a su vez miembros de los equipos de Surtees.

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A pesar de que “The Beguiled” es un debut de un operador, lo cierto es que muestra un estilo ya muy maduro, en el que el joven Surtees se defiende muy bien a pesar de ciertas inconsistencias. Ya desde el comienzo se aprecia una huida de la estética tradicional de la fotografía en color del cine norteamericano de los grandes estudios, con una serie de exteriores rodados en Lousiana con mucho humo artificial y apenas sin recurrir a unidades de iluminación artificial en los mismos, excepto cuando el contraste es tan alto que ésta es necesaria para rellenar un poco los rostros. Posteriormente, Surtees sería capaz de rodar sin absolutamente nada de este tipo de luces, ya a las órdenes de Eastwood, pero es comprensible que aquí aún no se atreviera, o bien que Siegel, un realizador de mentalidad abierta pero más veterano, se lo pidiera.

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Los interiores son mucho más interesantes, porque en ellos se demuestra la verdadera filosofía del operador. Cuando se trata de escenas diurnas, Surtees hace que la luz entre por las ventanas, con potentes haces de luz dura que no siempre tienen un efecto natural con esa textura, pero suponen un importante paso adelante con respecto a la ya citada fotografía clásica de Hollywood, de la que aquí apenas hay un atisbo. No hay pretensión alguna de embellecer a los actores, aunque sí se emplea sobre ellos la luz de relleno necesaria para que se les vea lo suficiente. Las escenas nocturnas contienen el mejor material y, al mismo tiempo, el menos logrado.

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Por un lado, Surtees rueda algunas escenas con candelabros o velas y personajes que se mueven en lugares oscuros con una mezcla de estilos: en ocasiones emplea el truco de esconder una bombilla en el propio candelabro (véase “La Nuit Américaine” de Truffaut), pero en otras también recurre a resistencias, eléctricos tapando aparatos y moviéndolos por el set, a la manera de la antigua escuela, con la apariencia de que esta escenas se rodaron antes que las otras. También recurre a fuentes de iluminación puntual en el decorado, con tono azulado, para marcar fuertes contrastes, siempre con grandes niveles de oscuridad. Pero por ejemplo, cuando tiene que mostrar una cena bajo la luz de las velas, las limitaciones técnicas de la época (100 ASA y ópticas con aperturas de aprox. T/2.3) le impiden obtener resultados más creíbles, a pesar que es evidente que se huye del aspecto del Hollywood clásico.

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La puesta en escena de Siegel, en formato esférico convencional, contiene un buen número de zooms y no es uno de los puntos fuertes de una propuesta que, a nivel de dirección, funciona mejor por su pausada y detallada narrativa, que por su virtuosismo con la cámara. Así pues, “The Beguiled” es irregular a nivel estético, con secuencias muy interesantes y otras que intentan algo diferente a lo clásico, aunque no siempre funcionen del todo bien. Con todo ello, se trata de una película interesante en este apartado, como no podría ser de otra forma tratándose del debut de uno de los operadores más adeptos al riesgo que ha dado Hollywood en toda su historia.

Título en España: El Seductor
Año de Producción: 1971
Director: Don Siegel
Director de Fotografía: Bruce Surtees
Ópticas: Panavision esféricas
Emulsión: Kodak 5254 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1

Vista en Blu-ray

© Harmonica Rental & Cinema/Ignacio Aguilar, 2015.