Il Conformista

Co-producción italo-franco-alemana que adapta la novela de Alberto Moravia, escrita en 1951 y ambientada en la época de la Italia fascista de Benito Mussolini, que tiene como protagonista a Marcello Clerici (Jean-Louis Trintignant), un hombre que está a punto de casarse con su novia (Stefania Sandrelli), cuando se enrola en la policía secreta fascista y recibe el encargo de asesinar a un antiguo profesor suyo (Enzo Tarascio), ahora exiliado en París, en donde vive con su joven y bella esposa (Dominique Sanda). El guión, a cargo del propio Bertolucci, presenta una estructura a base de flashbacks que siguen al personaje protagonista en diferentes momentos temporales, así como una importante carga política y sexual que fue muy atrevida para su época. Sin embargo, además del retrato de la época, el punto fuerte de “Il Conformista” es su potentísima estética, muy influyente posteriormente, creada por Bertolucci junto a dos colaboradores de inmenso talento: el diseñador de producción Ferdinando Scarfiotti (“American Gigoló”, “Scarface”) y el director de fotografía Vittorio Storaro.

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“Il Conformista”, a pesar de no ser la primera, sí está considerada la primera colaboración de Vittorio Storaro [ASC, AIC] con Bernardo Bertolucci, ya que el director de fotografía no fue el que inició “Strategia del Ragno” (1970), su primer trabajo conjunto y que Storaro firmó con Franco Di Giacomo. Después vendrían clásicos como “L’Ultimo Tango a Parigi” (1972), “Novecento” (1976), “La Luna” (1979), “The Last Emperor” (1987), “Sheltering Sky” (1990) y “Little Budha” (1993), su última colaboración. Entre tanto, ya famoso por su uso del color, las sombras, fuertes haces de luz y contrastes, Storaro dio el salto a Hollywood con “Apocalypse Now” (Francis Coppola, 1979) y con “Reds” (Warren Beatty, 1981), por las que ganó el Oscar a la mejor fotografía –premio que repitió con “The Last Emperor”-. En EEUU, después de muchos problemas con los sindicatos, rodó “One From The Heart” (1982) y “Tucker” (1988) con Coppola, además de “Dick Tracy” (1990) y “Bulworth” (1998) de nuevo a las órdenes de Beatty. Después, su asociación más reseñable es la que establece con Carlos Saura, comenzando con “Flamenco” (1995) y “Taxi” (1996), aunque resulta evidente que en los últimos veinte años Storaro ha perdido mucho interés en participar en proyectos importantes, siendo el último de ellos el que acaba de realizar con Woody Allen en Los Angeles y en formato HD con la Sony F65.

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“Il Conformista” es una temprana muestra del enorme talento del director de fotografía italiano, que impregna con su personalidad cada fotograma de la película, desde el comienzo de la misma: fuertes colores teatrales (rojos o azules) que bañan a los personajes (por ejemplo, el plano de Trintignant que abre la película, o aquél en el que éste abraza a Dominique Sanda tras la clase de baile), haces de luz solar y una paleta bañada por filtros cálidos en los exteriores italianos y otra -fruto de rodar en una emulsión de tungsteno (la Kodak 5254 de 100 ASA) sin el correspondiente filtro 85B en los exteriores- que es completamente azulada en los exteriores parisinos y con la que Storaro juega constantemente al mezclarla con la luz de tungsteno de los interiores, que comparativamente luce mucho más amarillenta. Storaro, además, mezcla sin ningún pudor luz dura y luz muy suave (rebotada y/o difusa) en función de las escenas o de si tiene que retratar a los actores o alguna de sus dos protagonistas femeninas, que están envueltas en una luz sin la menor sombra y muy poco contraste.

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El estilo, que incluye una escena iluminada exclusivamente por una luz de arco directa sobre los actores y el decorado, solo rebajada con algo de humo en el ambiente (el reencuentro de Trintignant con el profesor) es absolutamente innovador, valiente y osado para la época, pues junto a las estancias, decorados y localizaciones “art-deco” de las escenografía de Scarfiotti, crea una estética que, partiendo de la realidad, se vuelve muy expresiva y en la que cada plano, cada nota, contribuye a formar una maravillosa sinfonía de luz y color. Los Cooke Speed Panchro (S2/S3), las lentes favoritas del italiano durante mucho tiempo, están utilizadas además a grandes aperturas de diafragma, por lo que todo el film tiene un aspecto muy suave, como si de un ligero velo se tratase, con algo de “glow” en torno a las altas luces y bordes levemente difumidos.

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Además, la cámara de Storaro –que aquí ya se mueve por obra y gracia de Enrico Umetelli, el operador que llevaría a Hollywood como miembro más visible de su equipo- contiene composiciones de imagen muy inusuales pero ingeniosas y, sobre todo, un trabajo con la dolly y la grúa que denota que, además del talento para la luz y el encuadre, Bertolucci y Storaro también poseían un gran ojo para el movimiento, con planos grandilocuentes en los que la cámara baja o se eleva, o bien sigue a Trintignant en sus ideas y venidas narrativas entre Francia e Italia. La puesta en escena es tan completa que incluye desde el zoom, hasta la cámara al hombro más frenética (la escena, casi final, en el bosque) e incluso planos torcidos, para crear un conjunto tan estético y rico como elaborado, a veces quizá, en exceso. Los resultados, como consecuencia de ello, son portentosos, muy sugerentes y por, supuesto, muy modernos, confirmando que el talento y la inspiración no entienden de edades, puesto que Storaro estrenó este film con apenas treinta años recién cumplidos.

Título en España: El Conformista
Año de Producción: 1970
Director: Bernardo Bertolucci
Director de Fotografía: Vittorio Storaro, ASC, AIC
Ópticas: Cooke Speed Panchro (S2/S3), Angenieux 25-250mm T/3.9
Emulsión: Kodak 5254 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.66:1

Vista en Blu-ray

© Harmonica Rental & Cinema/Ignacio Aguilar, 2016.