The Mule

Producción de Malpaso, que supone la vuelta de Clint Eastwood delante de las cámaras, interpretando el papel de un nonagenario que, tras sufrir una serie de problemas económicos que acaban con su negocio, comienza a transportar droga en su furgoneta través de varios estados de los EEUU. Parece ser que inspirada en hechos reales, en “The Mule” el guionista Nick Schenk moldea un personaje perfecto para Eastwood, como ya hiciera en “Gran Torino”, aunque en esta ocasión el tono (amable) suena aún más a despedida. Bradley Cooper y Michael Peña interpretan a los dos agentes de la DEA que persiguen al abuelo sin saberlo, mientras que Andy García, Dianne Wiest, Lawrence Fishburne, Alison Eastwood y Taissa Farmiga, entre otros, completan el reparto de una película entretenida, relativamente sólida e interesante, pero que no entra dentro de los grandes títulos de la filmografía de Eastwood como director.

El director de fotografía es el canadiense Yves Belánger [CSC], lo que supone una sorpresa, ya que es la primera vez desde “Blood Work” (2002) en que Clint Eastwood no trabaja con Tom Stern (también muy veterano, ya que tiene 72 años de edad) quien parece ser que no estaba disponible para este rodaje por motivos que no han trascendido. Teniendo en cuenta que, además, antes de Stern, que ha realizado hasta la fecha catorce películas con Eastwood, éste empleó a Jack N. Green en once películas consecutivas desde 1986 a 2001 (terminando con “Space Cowboys”), lo cierto es que Belánger es únicamente el tercer director de fotografía que usa Eastwood en veinticinco películas detrás de las cámaras desde que se rompiera su famosa asociación con Bruce Surtees después de “Pale Rider” (1985). El nexo entre Belánger y Eastwood parece ser que ha sido el operador de cámara Stephen Campanelli, quien además también lleva la Steadicam de las películas del director desde “The Bridges of Madison County” (1995). Belánger, por su parte, es conocido por sus trabajos en “Dallas Buyers Club” (2013), “Wild” (2014) o “Brooklyn” (2015).

La imagen de “The Mule” es en algunos aspectos típica del cine de Eastwood, pero en muchos otros supone un paso adelante más que evidente, ya que la influencia de Belánger es muy apreciable. Es típica en tanto que la puesta en escena es muy reconocible, con muchos planos rodados en la Steadicam de Campanelli con focales angulares en formato panorámico anamórfico (empleando la nueva serie de Panavision, los T-Series). En este sentido parece que Eastwood no varía y ofrece una película muy tradicional, con espacio para que los intérpretes se muevan dentro del cuadro y buenas composiciones, lo cual es meritorio teniendo en cuenta la velocidad a la que suele rodar el director, que además rara vez supera el par de tomas. Además, como las películas que realizó con Tom Stern en la última época, “The Mule” también está rodada en formato digital con la Arri Alexa, haciendo uso de las versiones XT y Mini, por lo que en este aspecto apenas hay cambios.

Sin embargo, sí que los hay y bastantes en cuanto a la iluminación. Dice Belánger que el sistema de trabajo de Eastwood es muy parecido al europeo (en tanto que el director trabaja la puesta en escena y la composición con el operador de cámara, dejando que el director de fotografía se encargue de la iluminación) y en este caso es donde se aprecian las diferencias. El estilo de Tom Stern, heredado primero de Bruce Surtees y luego de Jack N. Green, de los que fue gaffer desde 1982 con “Honkytonk Man”, era el clásico de una fuente de luz dura, lateral, creando fuertes claroscuros y sombras muy definidas, a veces sin detalle o negras. Ese estilo ha sido completamente desterrado por Belánger, que lo sustituye por uno mucho más suave (que beneficia a los actores, aunque la película trata de lucir lo menos iluminada posible), de bajos niveles, con fuentes de luz mucho más motivadas, e incluso, haciendo uso de fuentes integradas en plano. Es una fotografía mucho más moderna por lo tanto que las de Stern, e incluso mucho más natural y realista, con un estilo más amable y menos dramático que le va muy bien a la película. Para lograrlo, curiosamente Belánger rueda muy abierto de diafragma con los T-Series incluso en exteriores, lo que hace que su aspecto casi parezca vintage y más en la línea de los antiguos C-Series que de los modernos G-Series (y no digamos ya de los Primo).

Los resultados, por lo tanto, son refrescantes en tanto que sin ser muy especiales, sí que suponen un soplo de aire fresco sobre el estilo visual habitual de las películas de Eastwood con Tom Stern. La exposición está además mejor controlada, sin ese tipo de “quemados” digitales que había por ejemplo en “American Sniper”, o sin el pobre aspecto monocromático de películas como “Jersey Boys”, que habían supuesto un claro bajón estético incluso dentro de la línea (a veces pobre, sobre todo comparado con Surtees o Green) que solía proponer Stern. Siguen aquí presentes, no obstante, algunos problemas derivados de la rapidez con la que rueda Eastwood (que no deja usar luz artificial en exteriores, prefiere rodar de forma directa, con pocos medios y ser rápido, etc) y, en cualquier caso, habrá que ver si el director (a punto de cumplir 89 años) continúa detrás de las cámaras y si Stern vuelve a estar disponible para entonces, aunque por el bien estético de sus películas, parece claro que sería deseable que las mismas fueran rodadas por el director de fotografía canadiense.

Título en España: Mula
Año de Producción: 2018
Director: Clint Eastwood
Director de Fotografía: Yves Belánger, CSC
Ópticas: Panavision T-Series
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa (XT y Mini), ARRIRAW 2.8K, 2.4:1

Vista en DCP

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